Maternidad y paternidad en México: entre la postergación generacional y los retos emocionales

julio 28, 2026

Cada vez más parejas en México y en el mundo deciden postergar la maternidad y la paternidad. La búsqueda de estabilidad económica, el deseo de crecimiento profesional o la idea de esperar “el momento ideal” son razones frecuentes.

Sin embargo, cuando el proyecto de formar una familia no ocurre como se había imaginado, pueden surgir incertidumbre, frustración y una carga emocional que no siempre es visible para el entorno cercano.

La dificultad de lograr tener un bebé puede expresarse en ansiedad, síntomas depresivos y tristeza persistente, baja autoestima y, con frecuencia, tensiones dentro de la pareja. Recibir un diagnóstico de infertilidad marca un momento crítico, afecta la salud mental, la relación conyugal y la calidad de vida en general.

Por ello, se requiere un abordaje integral que incluya la atención psicológica como parte del proceso reproductivo.

Partimos que la infertilidad se define como la incapacidad de lograr un embarazo clínico tras un año de relaciones sexuales regulares sin métodos anticonceptivos; sin embargo, cuando la mujer tiene más de 35 años, el periodo se reduce a 6 meses.

El INEGI confirma que en México las nuevas generaciones retrasan la formación de pareja y la llegada de los hijos. Mientras que de 1961 a 1967 era común tener el primer hijo antes de los 25 años, hoy la edad promedio se ha desplazado hacia los 30, con un número creciente de parejas que llegan a la paternidad y maternidad después de los 35.

Este cambio social explica por qué alrededor de 1.5 millones de parejas en edad reproductiva enfrentan problemas de infertilidad en nuestro país, de acuerdo con el Instituto Nacional de Perinatología, lo que refleja la magnitud del problema en México.

Desde la práctica clínica, el Instituto Ingenes menciona que este proceso no debe entenderse únicamente como un reto médico, sino también como un desafío emocional que requiere acompañamiento integral.

“Cuando una persona o una pareja enfrenta dificultades para tener un bebé, no solo recibe información médica. También puede experimentar un duelo por las expectativas que había construido alrededor de la maternidad, la paternidad y su proyecto de vida.

Por ello, es importante acompañar cada etapa con empatía, validando las emociones y ofreciendo herramientas para afrontar el proceso”, comentó Psic. Roxana Reyes de la Unidad de Salud Emocional Ingenes.

Diversos estudios han demostrado que, tras recibir un diagnóstico de infertilidad, tanto hombres como mujeres presentan un riesgo significativamente mayor de desarrollar síntomas ansiosos y depresivos.

En México, de acuerdo con estudios de la UNAM mencionan que entre el 10% y el 15% de las mujeres quienes enfrentan infertilidad desarrollan depresión clínica. Mientras que en los hombres, se encontró que entre el 14% y el 23% presentan depresión clínica, de acuerdo con la BMC Public Health.

El retraso en la maternidad y la paternidad refleja un cambio generacional. Hoy muchas parejas esperan más tiempo para formar una familia, motivadas por la búsqueda de estabilidad económica y nuevas expectativas de vida.

Sin embargo, este camino también trae retos médicos y emocionales que merecen ser visibilizados. A ello se suma la presión social y familiar, que muchas veces intensifica la ansiedad y el sentimiento de culpa en quienes enfrentan la infertilidad.

Reconocer estos retos y hablar de ellos con apertura permite acompañar mejor a quienes atraviesan este proceso. Formar una familia es hoy un recorrido diverso, y quienes enfrentan dificultades reproductivas necesitan información y atención médica, pero también empatía, apoyo emocional y espacios donde sus experiencias sean escuchadas sin juicios.