
Jonathan Haidt recomienda a Sheinbaum prohibir celulares en escuelas
agosto 3, 2026
- Recomienda que, mínimo a los 16 años de edad, se permita a jóvenes abrir cuentas en redes sociales
Carlos Guzmán | Corresponsal CDMX.- El psicólogo estadounidense Jonathan Haidt, una de las voces más influyentes a nivel mundial en el debate sobre el impacto de las redes sociales en la salud mental de niñas, niños y adolescentes, respaldó la iniciativa del Gobierno de México para abrir una discusión nacional sobre el uso de dispositivos digitales y lanzó una recomendación directa a la presidenta Claudia Sheinbaum: prohibir los teléfonos inteligentes en las escuelas durante toda la jornada escolar y fijar en 16 años la edad mínima para abrir cuentas en redes sociales.
Durante la conferencia matutina en Palacio Nacional, el profesor de Psicología de la Universidad de Nueva York y autor del bestseller “La generación ansiosa” sostuvo que el mundo enfrenta una crisis provocada por el cambio de una infancia basada en el juego hacia una “infancia basada en el teléfono”, transformación que, afirmó, ha disparado los problemas de salud mental entre los adolescentes en los últimos 15 años.
Haidt agradeció a la presidenta Claudia Sheinbaum por iniciar el debate nacional sobre los efectos de la tecnología en la juventud mexicana y aseguró que México tiene la oportunidad de sumarse a las democracias que ya comenzaron a actuar para proteger a las nuevas generaciones.
El especialista afirmó que entre 2010 y 2015 los teléfonos inteligentes y las redes sociales modificaron profundamente la manera en que crecen los menores de edad.
Explicó que inicialmente se pensó que los llamados “nativos digitales” desarrollarían mayores capacidades intelectuales por crecer rodeados de tecnología; sin embargo, dijo que la evidencia científica demuestra lo contrario.
“Ahora sabemos que la infancia basada en el teléfono provoca depresión, ansiedad, trastornos alimentarios, adicción, distracción, menor capacidad de atención y aprendizaje, acoso sexual y muchos otros daños para los adolescentes”, afirmó.
Según Haidt, las grandes empresas tecnológicas utilizaron algoritmos e inteligencia artificial para mantener cautivos a los menores de edad y maximizar el tiempo que permanecen conectados con el único propósito de comercializar su atención.
Sostuvo que durante años las compañías negaron estos efectos, pero afirmó que la evidencia surgida de investigaciones científicas, denuncias de exdirectivos de la industria tecnológica y procesos judiciales ha confirmado los riesgos del diseño de estas plataformas.
Por ello, pidió al gobierno mexicano implementar dos medidas prioritarias.
La primera consiste en eliminar completamente el uso de teléfonos inteligentes durante toda la jornada escolar. Explicó que permitir los celulares únicamente fuera del salón de clases no genera beneficios importantes, ya que los estudiantes continúan aislados socialmente durante los recreos y otros espacios de convivencia.
Indicó que 25 estados de Estados Unidos ya aplican esta política y los resultados, aseguró, han sido “espectaculares”.
“Siempre escuchamos lo mismo: recuperé a mis alumnos y el comedor está lleno de vida”, comentó.
La segunda propuesta consiste en elevar a 16 años la edad mínima para abrir cuentas en redes sociales, al considerar que estas plataformas exponen a los menores a riesgos propios de la vida adulta, como el contacto con desconocidos, la pornografía, la compra de drogas y otros contenidos nocivos.
“Las redes sociales son totalmente inapropiadas para los niños. Hablar con desconocidos es una actividad para adultos”, subrayó.
Haidt pidió que cualquier regulación se concentre en modificar el diseño de las plataformas y no en controlar los contenidos, pues consideró que el verdadero problema radica en las herramientas creadas para generar adicción, mantener la atención permanente y recomendar contenidos cada vez más extremos.
Como ejemplo, citó el caso de Australia, país que decidió restringir el acceso de menores de 16 años a las redes sociales, y llamó a México a seguir ese camino.
Al concluir su participación, el académico aseguró que el objetivo no es quitarles los teléfonos a los menores por prohibición, sino recuperar una infancia basada en el juego, la convivencia y la lectura.
“Este viaje no se trata de quitarles los teléfonos. Se trata de recuperar la infancia en el mundo real para todos nuestros hijos”, concluyó.
Por su parte, el exingeniero de Meta, Arturo Béjar, quien participó en el diseño de sistemas de protección para usuarios de la empresa, aseguró que las redes sociales fueron construidas con mecanismos que fomentan la adicción y el uso compulsivo, por lo que llamó a los gobiernos a intervenir para proteger a niñas, niños y adolescentes de los daños que estos productos pueden provocar.
Durante su participación en el debate convocado por la presidenta Claudia Sheinbaum sobre el impacto de las plataformas digitales en menores de edad, Béjar sostuvo que el diseño actual de las redes sociales combina al menos seis elementos que mantienen a los usuarios conectados el mayor tiempo posible: el scroll infinito, la reproducción automática de videos, los algoritmos de recomendación, las notificaciones constantes, los indicadores de popularidad y la presión social por pertenecer a estas plataformas.
Explicó que estos mecanismos no solo capturan la atención, sino que también modifican el comportamiento de los usuarios, especialmente de los adolescentes. Como ejemplo, señaló que una joven que interactúa con contenido relacionado con la delgadez puede recibir, en cuestión de minutos, una avalancha de publicaciones sobre dietas extremas, pérdida de peso y trastornos alimenticios.
Béjar presentó resultados de un estudio realizado con 240 mil usuarios de Instagram, el cual reveló que uno de cada cinco adolescentes recibe repetidamente contenido que afecta la percepción de su imagen corporal; uno de cada ocho enfrenta acoso sexual, en 98 por ciento de los casos por personas desconocidas, y uno de cada once es expuesto a publicaciones relacionadas con autolesiones o suicidio.
El especialista criticó que la industria tecnológica niegue que exista adicción y traslade toda la responsabilidad a los padres de familia. Comparó esta postura con responsabilizar a los padres por el diseño de un automóvil o de un juguete inseguro, cuando, afirmó, corresponde a las empresas garantizar que sus productos sean seguros desde su origen.
Finalmente, sostuvo que el Estado debe actuar para regular estas plataformas, evaluar científicamente sus daños e imponer medidas que obliguen a que los productos digitales destinados a menores privilegien su bienestar por encima de los intereses comerciales. “Cuando se trata de la gente joven, más vale prevenir que lamentar”, concluyó.










