
Se emborrachaba, peleábamos pero aquí estamos después de 67 años: Fidelina y Gabriel se casaron en bodas colectivas
febrero 17, 2026
Juan David Castilla/Xalapa. En las bodas colectivas de Xalapa, entre parejas jóvenes y el aroma a flores frescas, destacaba una pareja que parecía haber vencido al tiempo. No eran novios primerizos, se trata de Gabriel Reyes y Fidelina del Carmen Velasco Morales, dos almas que ya sabían todo el uno del otro tras 67 años de caminar juntos.
Su historia no comenzó en una oficina de registro, sino en el verdor de un rancho en San Juan, municipio de Tatatila. Él tenía 19 años y ella apenas 17 cuando decidieron que sus vidas debían ser una sola.
“La seguí hasta que se quedó conmigo», recordaba don Gabriel con una sonrisa, rememorando aquellos tiempos donde el dinero escaseaba pero sobraba voluntad.
Su primer «sí» fue bajo el rito eclesiástico, en una escena que parece sacada de una novela, pues el padre que los casó, al no tener un lazo a la mano, se desató el suyo de la cintura para unirlos frente al altar. Ese nudo improvisado resultó ser más fuerte que el acero.
La vida no fue fácil. Para construir el hogar que hoy tienen en la colonia Sóstenes, cerca de la Revolución, en Xalapa, donde residen desde hace más de cuatro décadas, ambos trabajaron hombro a hombro, incluso, cortando café en la zona de Coatepec.
Don Gabriel se hizo experto entre piedras y jardines, mientras doña Carmen administraba el milagro de multiplicar el sustento para sus nueve hijos.
“Se emborrachaba, me peleaba, pero le aguanté todo», confiesa Carmen con la complicidad de quien ha perdonado mil batallas.
El destino les dio un susto hace poco, ya que ambos sobrevivieron a infartos con apenas meses de diferencia. Fue en el hospital donde el consejo médico y el aliento de sus hijos los convencieron de que era momento de «hacer las cosas como deben ser» para protegerse legalmente el uno al otro.
Ahora tienen 45 nietos y 25 bisnietos, y Gabriel y Carmen reafirmaron ante la ley lo que sus corazones dictaron en el rancho San Juan hace más de medio siglo.
Se miran, se pelean un poco por los recuerdos y se vuelven a elegir, demostrando que, a veces, el papel oficial no es el inicio de una historia, sino el broche de oro de una vida bien vivida.











