Del simulacro a la vida real: ¿qué tan preparados estamos para una emergencia?

septiembre 25, 2026
Cada septiembre, México vuelve a poner sobre la mesa la importancia de la prevención y la preparación ante emergencias, la pregunta que surge de forma recurrente es: ¿qué tan preparados estamos para responder cuando una emergencia deja de ser un simulacro?
El pasado 19 de septiembre, de acuerdo con la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, el Segundo Simulacro Nacional 2026 movilizó a cerca de 33 millones de personas en las 32 entidades federativas, con hipótesis de sismo adaptadas a distintas regiones del país. Este ejercicio permitió poner a prueba los sistemas de alertamiento, además de evaluar la preparación, coordinación y capacidad de respuesta ante una emergencia de gran magnitud.
El simulacro permite identificar una realidad: saber cómo evacuar un inmueble es apenas una parte de la preparación. Una emergencia real puede presentar condiciones muy distintas a las de un ejercicio controlado. Las comunicaciones pueden verse interrumpidas o saturadas, los servicios básicos pueden resultar afectados, la movilidad puede complicarse y las familias pueden enfrentar necesidades que no aparecen durante los minutos que dura un simulacro.
En un país expuesto a distintos fenómenos naturales, la prevención implica anticipar estos escenarios y contar con alternativas para responder ante ellos. El reto no termina cuando las personas llegan al punto de reunión; comienza también lo que ocurre después.
Para CADENA México, brazo humanitario de la comunidad judía y organización humanitaria dedicada a la preparación, respuesta y recuperación ante emergencias, desastres y crisis humanitarias, un simulacro es una herramienta fundamental de prevención, pero la preparación debe ir más allá de saber cómo actuar durante los primeros minutos de una emergencia.
“Un simulacro nos permite identificar cómo reaccionamos ante una alerta y qué podemos mejorar. Una emergencia real puede modificar las condiciones rápidamente: las comunicaciones pueden verse afectadas, la movilidad puede complicarse y algunos servicios básicos pueden interrumpirse. Por eso, la preparación debe ayudarnos no sólo a saber cómo evacuar, sino a anticipar necesidades y tomar mejores decisiones ante distintos escenarios”, señala Liora Pupko, Presidenta de CADENA México.
Un simulacro termina, la emergencia real puede durar semanas
En una situación real, los primeros minutos son determinantes, no significa que sea tiempo suficiente. Después de una evacuación es posible que surjan necesidades no previstas en un ejercicio controlado: localizar a familiares, atender lesiones, acceder a medicamentos, conseguir agua y alimentos, comunicarse con personas ubicadas en otros puntos o decidir si es seguro regresar a casa.
A ello, se suma la posibilidad de que una emergencia afecte de manera simultánea distintos servicios e infraestructura. Una familia puede haber evacuado correctamente un inmueble y, aun así, encontrarse con dificultades para trasladarse, falta de electricidad, interrupciones en las telecomunicaciones o restricciones para acceder a determinadas zonas.
En este sentido, la preparación debe comenzar antes de que ocurra el fenómeno y considerar qué hacer durante las primeras horas y cómo mantenerse autónomo mientras llegan los equipos de respuesta.
¿Qué debe considerar un plan familiar de emergencia?
Contar con una mochila de emergencia es importante, aunque por sí solo no constituye un plan de protección. La preparación familiar debe contemplar quién hace qué, dónde encontrarse, cómo comunicarse y qué necesidades particulares existen dentro del hogar.
CADENA recomienda revisar:
· Rutas de evacuación y puntos de reunión: identificar salidas seguras tanto en casa como en los lugares que la familia frecuenta habitualmente.
· Comunicación: establecer un punto de contacto y alternativas para comunicarse si las redes telefónicas se saturan.
· Personas que requieren atención especial: considerar a niñas y niños, adultos mayores, personas con discapacidad o quienes dependan de medicamentos o dispositivos específicos.
· Mascotas: definir quién será responsable de ellas y cómo serán trasladadas.
· Suministros básicos: contar con agua, alimentos no perecederos, medicamentos, documentos importantes, lámpara, radio y otros artículos esenciales.
· Conocimiento del entorno: revisar los riesgos específicos de la zona donde se vive, trabaja o estudia.
“La preparación no consiste en vivir con miedo a que ocurra un desastre, sino en reducir la cantidad de decisiones que tendremos que improvisar cuando ocurra. Saber dónde reunirse, cómo comunicarse, qué llevar y cómo ayudar a quienes dependen de nosotros puede hacer una diferencia importante cuando las condiciones cambian rápidamente”, explica Liora Pupko
La experiencia de organizaciones humanitarias como CADENA muestra que la respuesta ante un desastre requiere coordinación, conocimiento técnico y capacidad para actuar en condiciones adversas. La organización ha desarrollado operaciones de prevención, atención y recuperación en distintos estados de la república mexicana y ha participado en cientos de intervenciones ante emergencias y desastres.
El 19 de septiembre además de ser una fecha que recuerda los sismos que han marcado a México, representa una oportunidad para fortalecer la cultura de prevención y preguntarnos qué podemos hacer hoy para estar mejor preparados ante una emergencia.
Un simulacro no sólo permite practicar cómo actuar ante una emergencia; también nos ayuda a identificar qué necesitamos fortalecer antes de enfrentar una situación real. Prepararnos hoy permite reducir riesgos, tomar mejores decisiones y responder de manera más organizada cuando cada minuto cuenta.











