Donald Trump, de 80 años, preocupa a médicos por su estado de salud secreto

agosto 24, 2026

A sus 80 años de edad, una etapa en la que el cuidado físico cobra especial importancia, el estado de salud de Donald Trump genera preocupación entre especialistas médicos de Estados Unidos. Aunque la Casa Blanca defiende su vitalidad, un análisis de sus informes revela un incremento ponderal sistemático que lo sitúa cerca del rango de obesidad clínica.

Los médicos oficiales de la Casa Blanca han recomendado al presidente perder peso, mejorar su alimentación y realizar actividad física moderada. Sin embargo, la persistencia de ciertos hábitos cotidianos y el aumento sostenido de su masa corporal mantienen las alertas sobre los riesgos médicos asociados.

La evolución del peso presidencial muestra una tendencia preocupante. En agosto de 2023, cuando fue acusado en Georgia por interferencia electoral, su registro policial asentó un peso de 97 kilogramos (215 libras). No obstante, en mayo de este año, un informe médico de la Casa Blanca reveló que su peso ascendía a 108 kilogramos (238 libras).

Este incremento representa una ganancia neta de 10.4 kilos desde el inicio de su última campaña, de los cuales 6.35 kilos se acumularon exclusivamente entre sus dos últimas revisiones médicas anuales.

Con una estatura de 1.90 metros, el peso actual del mandatario lo posiciona en un umbral sumamente delicado. Según datos de The Washington Post, Trump se encuentra a tan solo 1.6 libras (unos 720 gramos) de ser diagnosticado técnicamente bajo el rango de obesidad, mientras que otras mediciones federales fijan esa distancia en unos 7 kilos.

No es un terreno desconocido: el presidente ya fue catalogado formalmente como obeso en 2019 y 2020, lo que evidencia una vulnerabilidad metabólica recurrente.

Las alertas físicas no se limitan al veredicto de la báscula. En los últimos meses, el comportamiento físico de Trump ha sido objeto de escrutinio por moretones en sus manos, hinchazón en los tobillos y episodios de aparente somnolencia en eventos públicos.

Frente a estos indicios, los especialistas coinciden en que el estilo de vida del mandatario agrava la situación. Trump nunca ha ocultado su predilección por las hamburguesas y la comida chatarra, así como su aversión a regímenes de ejercicio de alta intensidad.

Su actividad física recreativa se reduce casi por completo a jugar golf durante los fines de semana.

Esta reticencia a adoptar hábitos saludables ya había sido señalada con anterioridad. El congresista y exmédico de su primer mandato, Ronny Jackson, admitió en sus memorias de 2022 que le aconsejó perder peso y ejercitarse, aun cuando afirmaba que el mandatario gozaba de una condición excepcional para su edad.

En la actualidad, el reclamo es más urgente. Scott Kahan, director del Centro Nacional para el Peso y el Bienestar, advirtió que abordar la obesidad del mandatario debe ser una prioridad de seguridad nacional equivalente al resguardo físico que provee el Servicio Secreto.

Según Kahan, la obesidad es un factor crítico de riesgo que desencadena discapacidad y muerte prematura.

Por su parte, la Casa Blanca ha evitado responder directamente a las preguntas sobre el peso presidencial. En su lugar, los voceros argumentan que el mandatario posee una resistencia envidiable, excelente agilidad mental y una gran energía diaria para cumplir con su exigente agenda semanal de reuniones, ruedas de prensa y declaraciones públicas.

No obstante, esta evidente contradicción resuena con una enorme fuerza en el debate de la opinión pública. La salud individual de Trump se ve directamente confrontada con las directrices promovidas por su secretario de Salud, Robert Kennedy Jr., quien ha colocado la reducción de los índices de peso poblacionales como prioridad absoluta de su campaña.

En un país donde más del 40% de los adultos sufre de obesidad y otro 30% padece de sobrepeso crónico, los hábitos alimenticios y el estado físico de su líder representan un desafío ineludible para el mensaje de salud que se busca transmitir desde el gobierno.