¡LA SELECCIÓN MEXICANA Y EL ESCÁNDALO DE LOS CACHIRULES!

julio 10, 2026
La película México 86, de Netflix, vuelve a poner sobre la mesa uno de los capítulos más vergonzosos del fútbol mexicano: el escándalo de Los Cachirules. La cinta parodia al entonces presidente de la Federación Mexicana de Futbol, Rafael del Castillo, y plantea una tesis bastante creíble: que el origen de la trampa no nació en la cancha, sino en la ambición del dirigente.
¿Pero qué fueron realmente los Cachirules?
La Selección Mexicana Sub-20 alineó deliberadamente a por lo menos cuatro jugadores que rebasaban la edad permitida durante las eliminatorias rumbo al Mundial Juvenil de Arabia Saudita 1989. El fraude no fue un simple «error administrativo»: se utilizaron actas de nacimiento falsificadas y varios de los involucrados señalaron directamente a Rafael del Castillo como quien ordenó conseguir esos documentos.
Hoy el escándalo parece impensable, pero en aquella época la práctica era tan recurrente que la propia FIFA había enviado, desde el 3 de enero de 1988, una advertencia a todas las federaciones para que dejaran de maquillar la edad de los futbolistas en las categorías juveniles.
Y razones para hacer trampa no faltaban. Aquella selección mexicana era una auténtica aplanadora: ganó prácticamente todos sus encuentros y únicamente tropezó con un 3-0 ante Costa Rica. Después se vio obligada a vencer 2-1 a Estados Unidos para amarrar el boleto al Mundial… al menos en la cancha.
Porque el rival más peligroso no estaba enfrente, sino en los archivos de la propia Federación.
Los periodistas Antonio Moreno, de Imevisión (hoy TV Azteca), y Alfredo Ruiz, ambos colaboradores del diario Ovaciones, descubrieron que un anuario oficial de la Federación Mexicana de Futbol contenía edades distintas a las registradas ante la Concacaf. Publicaron la investigación y destaparon la cloaca. Al escándalo también se sumó José Ramón Fernández desde Imevisión, convirtiendo el caso en una bomba mediática imposible de ocultar.
Con el fraude ya exhibido y fiel a su naturaleza, Estados Unidos presentó la protesta formal ante la Concacaf. La investigación confirmó la trampa y la FIFA respondió con una de las sanciones más severas de su historia.
La Sub-20 fue expulsada del Mundial de Arabia Saudita; la Selección Mayor quedó fuera de Italia 90, pese a que marchaba con un proyecto muy competitivo; y, para rematar, todas las selecciones nacionales mexicanas fueron suspendidas de competencias internacionales durante dos años, de 1988 a 1990.
Como cereza del pastel, Rafael del Castillo terminó fuera de la presidencia de la Federación. La historia cuenta que aceptó la falsificación de documentos que convertían, en el papel, a un futbolista de hasta 27 años en púber de 19. Si aquello no era creatividad administrativa, difícilmente lo sería otra cosa.
El golpe fue devastador. México perdió un Mundial para el que apuntaba alto y pasaron cuatro décadas para que la Selección Mayor volviera a instalarse entre los mejores dieciséis equipos de una Copa del Mundo (1986-2026).
Apunte. La pregunta inevitable es si, con semejante antecedente, la FIFA medirá con la misma vara la polémica y tramposa decisión de retirar la tarjeta roja al delantero estadounidense Folarin Balogun para mantenerlo disponible en el Mundial 2026, todo indica que no.
No es por ser cizañosos… pero cuando los reglamentos empiezan a doblarse según el tamaño del uniforme, inevitablemente vuelven los fantasmas de los Cachirules.
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Columna exclusiva El Demócrata