EL PENAL DE ALLENDE, DE LECUMBERRI JAROCHO A ESCUELA DE MÚSICA

agosto 3, 2026
La Casa del Jabonero. – El 31 de diciembre de 2009, el Gobierno de Veracruz, encabezado por Fidel Herrera Beltrán, publicó la declaratoria para desincorporar el Penal Ignacio Allende como centro penitenciario. Lo que vino después fue, simple y llanamente, bochornoso.
La madrugada del 9 de enero de 2010 quedó marcada en la historia. Desde esa noche y hasta el día siguiente, más de mil internos fueron trasladados masivamente a los penales de Villa Aldama, Tuxpan, Coatzacoalcos y otros centros penitenciarios del estado; reclusorios que ya padecían sobrepoblación, pero que tuvieron que repartirse a los mil 100 reclusos del Penal de Allende, del puerto jarocho, en una escena digna de una descripción del realismo mágico.
Y si el operativo fue brutal, el motivo del traslado lo fue todavía más. La vieja prisión de negra historia estaba destinada a convertirse en un set cinematográfico al servicio de una producción hollywoodense protagonizada por Mel Gibson. Para rematar la bella historia, los reclusos que fueron sacados supuestamente de manera provisional jamás volvieron al inmueble. Cada uno terminó de purgar su condena en los penales a donde fue enviado, mientras el viejo Allende jamás volvió a abrir sus puertas como cárcel.
LAS MANOS MUNICIPALES
Concluida la filmación de Get the Gringo, el Penal Ignacio Allende pasó a manos del Ayuntamiento de Veracruz, encabezado por uno de los alcaldes más grisáceos que se haya sentado en la silla embrujada del Palacio Municipal: Jon Rementería Sempé, quien nunca supo qué hacer con semejante elefante blanco. La incapacidad tampoco distinguió a sus sucesores: Luz Carolina Gudiño Corro, hoy flamante secretaria general del PRI; Ramón Poo Gil, apodado «El 40» por ser cinco veces más tonto que El Chavo del 8; y el hijo del papá, Fernando Yunes Márquez.
El inmueble no resistió el paso de estos cuatro jinetes del Apocalipsis. Cayó en el abandono absoluto, se fue deteriorando hasta convertirse en refugio de personas en situación de calle, quienes encontraron en sus celdas todo un complejo habitacional. Si los nuevos huéspedes estaban felices, los vecinos no. Para ellos fueron años de inseguridad, deterioro y abandono, mientras las autoridades, simplemente, ni lo veían ni lo oían.
Aquel edificio que nació como un proyecto para dignificar la vida carcelaria, construido durante el porfiriato bajo criterios penitenciarios considerados modernos para su época, terminó convertido, para 2023, en un cascarón incómodo y un problema que nadie quería atender. Así que el gobierno municipal encabezado por Patricia Lobeira decidió etiquetárselo a la Universidad Veracruzana. Ya con Martín Aguilar Sánchez como rector, la donación pareció más una agresión que un acto de generosidad.
UNA BUENA DE AGUILAR SÁNCHEZ
Sin embargo, hasta el más limitado de los funcionarios suele tener, alguna vez en la vida, un chispazo de lucidez. Y así ocurrió con el rector invisible, quien decidió rescatar el antiguo reclusorio para convertirlo a futuro en el Centro de Iniciación Musical Infantil (CIMI) Región Veracruz.
Hace apenas unos días, la Universidad Veracruzana compartió en redes sociales los avances de la rehabilitación. Las obras marchan a buen ritmo y el resultado luce espectacular.
La imagen encierra un poderoso simbolismo: uno de los edificios históricos más importantes del puerto, que conoció historias oscuras como prisión, que fue escenario de un churrazo del cine gringo y hasta de la filmación de la biografía de Gloria Trevi; que terminó convertido en refugio improvisado de personas en situación de calle, está a punto de transformarse en un espacio donde niños y jóvenes aprenderán música.
La historia ya puede registrar que hubo un burro que tocó la flauta… y un rector que instaló una impactante escuela de música. Bien por el rector invisible.
Si esta historia no hubiera ocurrido en el Veracruz de la vida real, probablemente la habrían escrito Isaac Asimov, Julio Verne o H. G. Wells.
¡Pa’ su mecha!