CASO ZENYAZEN: RICARDO AHUED, UN SECRETARIO DE GOBIERNO COMPLETO

septiembre 10, 2026

El Tlacuilo.- El pasado 4 de septiembre, varios comunicadores esperábamos en el Parque de los Berros el inicio de la Guardia de Honor de la Fiscalía General del Estado cuando comenzó a correr el rumor sobre el fallecimiento del diputado federal Zenyazen Escobar. Primero fueron comentarios entre reporteros, llamadas apresuradas y consultas a las fuentes; minutos después, la confirmación cayó como auténtico balde de agua fría.

A su llegada al parque, la fiscal general Lizbeth Aurelia Jiménez Aguirre, confirmó oficialmente lo que hasta entonces circulaba entre reporteros: el diputado federal había sido encontrado sin vida a bordo de su vehículo.

Pocos minutos después, en el grupo oficial de WhatsApp de prensa del Gobierno del Estado llegó otra señal importante: se convocaba dentro de unos minutos a una conferencia de prensa del secretario de Gobierno, Ricardo Ahued Bardahuil.

Había que decidir rápido.

Esperar una nueva declaración de la fiscal, quien ya se encontraba participando en la Guardia de Honor, o correr hacia Palacio de Enríquez para escuchar al responsable de la política interna del estado.

Era evidente que Ahued estaba asumiendo la responsabilidad de salir frente a los medios en uno de esos momentos en los que cualquier palabra pesa y cualquier error puede multiplicar la incertidumbre. Puede parecer parte natural de las funciones de un Secretario de Gobierno, pero hacerlo en medio de una noticia de semejante magnitud requiere algo más que ocupar el cargo: requiere temple.

Quien esto escribe optó por lo segundo y acudió a Palacio. La lógica era sencilla: difícilmente la fiscal modificaría, apenas unos minutos después, lo que acababa de confirmar; en cambio, desde la Secretaría de Gobierno seguramente se fijaría una postura institucional y, sobre todo, una primera ruta frente a un acontecimiento que ya comenzaba a sacudir el escenario político veracruzano.

“El día de hoy nos reunimos para hacer el comentario, para hacer de su conocimiento; hoy, lamentablemente, se encontró sin vida al diputado Zenyazen Escobar”, expresó Ricardo Ahued ante los medios.

Hubo un breve titubeo. Era entendible. El momento era complicado, la información apenas comenzaba a fluir y detrás del personaje público había una muerte que involucraba a un diputado federal, a un exfuncionario estatal y a una figura conocida dentro del movimiento político gobernante.

Pero Ahued enfrentó el tema.

En aquella conferencia bosquejó, con las reservas naturales de una investigación apenas iniciada, una de las posibilidades que posteriormente sería confirmada dentro las investigaciones federales: que pudiera tratarse de un suicidio.

Decirlo en ese momento no era sencillo.

La versión provocó comentarios, especulaciones e incluso controversia. Era inevitable. Sin embargo, también dejó ver algo que en política suele notarse precisamente cuando llegan las crisis: quién está dispuesto a salir, plantarse frente a los medios y asumir el costo de informar cuando todavía no existen todas las respuestas.

Ricardo Ahued sabía perfectamente el peso de sus palabras. No salió a improvisar un posicionamiento cómodo ni a esconderse detrás de un comunicado. Dio la cara cuando el escenario era álgido, cuando la información estaba en construcción y cuando Veracruz entero comenzaba a preguntarse qué había ocurrido con Zenyazen Escobar.

Y ahí aparece una de las funciones esenciales de la Secretaría de Gobierno.

Porque gobernabilidad no significa únicamente negociar, operar políticamente o sentarse en una mesa cuando las cosas marchan bien. También significa aparecer cuando el escenario se complica, asumir responsabilidades institucionales y comunicar aun cuando hacerlo implique caminar sobre terreno delicado.

Ese 4 de septiembre, Ricardo Ahued lo hizo.

Podrán discutirse las formas, las palabras utilizadas o incluso el momento en que se plantearon determinadas hipótesis. Eso forma parte del debate público. Pero algo quedó claro: frente a una de las noticias más delicadas que ha enfrentado la administración estatal, el secretario de Gobierno no se escondió.

Salió, dio la cara y asumió su responsabilidad.

Y eso, precisamente en los momentos difíciles, es lo que se espera de un Secretario de Gobierno completo.