¿La tumba del «no mentir, no robar, no traicionar»?

agosto 19, 2020

La revelación real del tamaño inaudito de la corrupción en el país acusa características singulares en el modito de gobierno Tepetitán, y definitivamente no tiene parangón ni medida con ninguna claque del pasado que haya asolado los bolsillos de una sociedad nacional, aun y cuando ahora se empiecen a conocer los videos del caso Emilio “L”. La de la 4T es única y esperemos irrepetible. 

Todo se ajusta a un cinismo ramplón acompañado de una desaforada ignorancia. Como no conocen los límites del sistema, no pueden avizorar los rebotes que impactan hacia todos lados, arriba, a la mitad y abajo de las capas sociales. Negociantes y traidores que opacan cualquier previsión y toda desquiciada imaginación.  

Durante mucho tiempo, demasiado tiempo, los grupos en el poder nos han hecho creer en la imposibilidad de cambiar de régimen político. Han repetido hasta la náusea que se trata de una insensatez, de un proyecto ilusorio que nos llevaría al precipicio.  

El tiempo se ha encargado de desmentirlos rotundamente. Ha sido más difícil resolver los enigmas y los retos que ellos mismos construyen, que tratar de cambiar de régimen político.  

Los movimientos civiles por las libertades, el enfrentar a las catástrofes naturales, el padecimiento del narcotráfico encubierto por las autoridades y el gravísimo impuesto social de la corrupción endémica han sido las parvadas de cisnes negros que se han posado sobre nuestros hombros. Y son más difíciles de resolver que el cambio sensato de régimen.  

Delincuencia de cuello blanco: más muertos que en la Revolución 

México debe pensar seriamente en abandonar todo rastro de presidencialismo ‎unipersonal y patrimonialista, apuntalar las facultades del Congreso en la fiscalización del presupuesto, en la designación de los niveles en las instancias judiciales…. 

… ‎y de procuración de justicia, transparentar toda información y rendir cuentas a fondo de toda actividad gubernamental y cualquier uso de recursos procedentes del fisco, así como de toda indagatoria sobre complicidades del Ejecutivo con la delincuencia organizada.  

La política industrial, la inaplazable cuestión agropecuaria, la productividad, la competitividad, la pobreza, la alimentación, el empleo y la desintegración familiar deben ser en adelante los únicos grandes y privilegiados temas de seguridad nacional.  

Nunca más la protección y encubrimiento de los salvajes delincuentes de cuello blanco que ya han producido dos veces más muertos que la misma Revolución mexicana.  

Debe entenderse que el Estado jamás manda sobre la Nación 

Establecer la supervisión horizontal de toda conducta antipopular, instaurando el juicio público contra los defraudadores de la confianza ciudadana y del voto popular. Hacer respetar el trabajo, las conquistas obreras y su valor real en toda actividad privada, social y constitucional. 

Hacer efectivo y equitativo el federalismo hacendario, instaurar el juicio político contra cualquier malnacido, restaurar la gobernabilidad y procurar que surjan los proyectos de gran calado social en términos de distribución equitativa del ingreso y los beneficios. Enterrar para siempre cualquier otra ocurrencia rastacuera de elefantes blancos. 

Es difícil, se entiende. Pero fueron infinitamente más difíciles los cisnes negros que tuvimos que vencer, con medidas y acontecimientos que cambiaron para siempre el rostro de la sociedad. Los que nos enseñaron a entender que el Estado jamás manda sobre la Nación.  

Quienes fueron contestatarios, verdugos de la memoria histórica 

Por ejemplo: el nacimiento de la protesta civil, representado indudablemente por la valiosa generación del ’68; la que tuvo que pagar con sangre, tortura, cárcel e incomprensión ciudadana las construcciones de una modernidad que empezó en blanco y negro, entre las brumas del gorilato diazordacista.  

Las grandes catástrofes geográficas y telúricas que hicieron emerger fuerzas sociales desconocidas que rebasaron la capacidad del Estado y de su gobierno, exigiendo la participación ciudadana en las reconstrucciones, emergencias y auxilios inmediatos a damnificados, víctimas y familiares. Grandes epopeyas de la solidaridad mexicana. 

Los mismos que fueron contestatarios, varios de ellos en el poder, han sido los verdugos de esta memoria gigantesca. La complicidad real con las bandas criminales del narcotráfico que han convertido en rectores de la economía, los servicios y la moneda rodante, ha significado la puñalada trapera al país. 

El “bisnes” de militares y Grupo Gilbert con el acero del NAIM 

Aparte de todo el cúmulo de corruptelas, fraudes y ventas de la soberanía nacional, encabezadas por miembros conspicuos de la familia feliz de Palacio Nacional, se suma otra que ha sido oteada ante la opinión pública y que no ha merecido una sola respuesta, un solo reclamo de los involucrados, un sólo guiño de estupefacción.  

Sucede que luego de haber recibido 13 ofertas, el Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México emitió el fallo de la no licitación de 49 mil toneladas de acero –utilizable, no chatarra de desperdicio– del cancelado proyecto de Nuevo Aeropuerto Internacional, NAIM, a la empresa patito del Grupo Gilbert Estructuras, asociado con el Ejército en la construcción del de Santa Lucía.  

Mediante un comunicado, la SCT informó que se había dado como ganadora del fantasmal concurso a Gilbert, por haber «cumplido con todos los requisitos establecidos en la convocatoria y brindó las mejores condiciones para el Estado mexicano». 

La empresa, afirmó, se hará cargo de desmontar la Torre de Control, las estructuras de foniles, la estructura tubular y de bases, el marco de acero, el pasaje y retiro y la instalación de báscula camionera electrónica portátil, incluyendo los costos de operación, y el retiro de material y limpieza. 

Esta decisión, cuestionada por los demás participantes, quienes aseguran que Gilbert jamás cumplió con las obligaciones requisitadas. Se armó un escándalo que ya anda en tribunales, a ojos públicos.  

La corrupción de la 4T, nos lleva hacia la mayor de las vergüenzas 

Porque, como está apuntado, resulta curioso que Gilbert es nada menos que la proveedora de la Secretaría de la Defensa Nacional para la estructura de acero en la megacentral avionera de Santa Lucía, donde se usarán completitas las estructuras de acero que iban a servir para el faraónico de Texcoco, lo que representa una ganancia estratosférica para militares y empresa constructora Gilbert, de muchos miles de millones de pesos, más lo que se acumule en el camino, sabe usted. 

Esta es una maroma de chango demasiado viejo. Una de esas cosas que pueden ser la tumba del «no mentir, no robar, no traicionar», engañifa con la que alucinan los profetas de la Cuarta Decepción.  

Los han cogido con las manos en la masa. No hay necesidad de mayores argumentos. No sólo son iguales, son peores. Y así, nos arrastran hacia la mayor de las vergüenzas.  

¿No cree usted?