“DEBO, NO NIEGO; PAGO, LO JUSTO”

mayo 17, 2024
En deuda con el magisterio
Ser maestro en estos días se asemeja muy poco a haberlo sido, hace por lo
menos veinte años, la realidad social en su conjunto ha cambiado y los
requerimientos de la formación que hoy debe brindarse, sugieren aptitudes y
habilidades diferentes, sin embargo, el esfuerzo para ejercer y cumplir con la
profesión es también de índole económica, pues se considera los sueldos son
insuficientes para satisfacer las necesidades de nuestros profesores.
Motivo por el cual muchos de ellos, deben tener más de un empleo, o bien alguna
actividad económica remunerada que les permita completar sus gastos
quincenales y seguir dedicándose a lo que les gusta, a su vocación, la docencia.
Por ejemplo, con datos del Instituto Mexicano para la Competitividad AC (IMCO),
datos abiertos del Gobierno de México, el salario promedio mensual de un
maestro es de siete mil cuatrocientos sesenta pesos moneda nacional, mientras
que sus gastos ascienden a siete mil setecientos setenta y tres pesos.
Ello si se considera un gasto de tres rubros, canasta básica, por un mil doscientos
siete pesos con cincuenta centavos, vivienda, por cinco mil treinta y cinco pesos
con cincuenta centavos, y transporte, por un mil quinientos treinta pesos.
Es claro que el aproximado de los gastos es risible comparado con lo que en
realidad se gasta para solventar la alimentación de una persona en un mes, ya no
digamos de una familia.
Pues a como están las cosas, hasta hacer unos sándwiches sale de mínimo en
ciento cincuenta pesos si lo quieres de jamón con queso amarillo y unos chiles en
rajas, y desde luego que eso si acaso te rinde para una cena y el lunch del día
siguiente.
Eso solo por citar un ejemplo, pero en otros aspectos como la vivienda, ya sea que
pagué renta o la mensualidad del crédito hipotecario, la erogación mensual
promedio es de 5 mil pesos, como mínimo.
Aparte de transportes, hay otros rubros que no están considerados en el ejercicio
del costo de la vida que deben cubrir los profesores, como lo es la atención de la
salud en caso de alguna emergencia o cuando no se reciba con oportunidad y
completitud la atención médica en los institutos de seguridad social.
Algo básico también la vestimenta y el arreglo personal, no está considerado. Y
desde luego los materiales que se requieren para el ejercicio de su noble
profesión.
Es importante observar que esta insuficiencia de ingresos es la principal causa de
la recurrencia a créditos personales, de esos préstamos chiquitos, con
mensualidades no tan cómodas, y plazos largos, que son reestructurados de
manera constante de tal suerte que hacen sus cuentan impagables en un par de
años debido a las tasas altos de interés que suelen llegar hasta el 100 por ciento
anual.
Empeñando de por vida sus sueldos, a cambio de un pequeño respiro temporal,
que no resolverá su situación, o la emergencia por la que se recurre a los mismos.
Así, año con año, celebramos a los Maestros el día quince de mayo, celebramos lo
que nos han enseñado, la trascendencia de sus palabras en nuestras vidas, la
inquietud que siembran en nuestro ser, para no cesar en el constante camino del
aprendizaje o la actualización constante.
¿Quién no recuerda, por lo menos, a dos o tres de sus maestros? De esos que con
una palabra cambiaron el giro de nuestra vida, o que con su ejemplo determinaron
en el futuro nuestra forma de conducirnos en sociedad.
Sin duda es mucho lo que tenemos que agradecer, y es gratitud lo que
expresamos cada día quince de mayo; sin embargo, nosotros qué les hemos
dado, somos conscientes de su calidad de vida, y el sacrificio diario que hacen por
llegar a las aulas y desempeñar de la mejor manera su papel.
En el camino del Barzón constantemente nos encontramos con maestros víctimas
de financieras, de bancos, de fondos de vivienda, que han lucrado indebidamente
con ellos al amparo de un vacío legal en la regulación de créditos.
Hemos ido con ellos, hombro con hombro, acompañándolos en esa senda de
pesares que lo es la lucha por defender, conservar o rescatar su patrimonio; es
tiempo de pensar o repensar en esa gran deuda que como sociedad tenemos con
nuestros profesores, y ser conscientes de los grandes retos a los que se
enfrentan, tenemos próxima una fecha cívica que puede generar un cambio en las
condiciones de vida de ellos.
Unámonos sí, al festejo, pero también en la exigencia de vida diga para todos
ellos.
Únase, ya, a la Jornada Estatal para la Defensa del Patrimonio Familiar
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