OPS probó metodología de Ecuador para evaluar el camino hacia la eliminación del VIH

agosto 11, 2026

 A principios de julio, un comunicado del Ministerio de Salud ecuatoriano celebraba, y no solo haber sido elegido por la OPS para validar una metodología que la organización llamó “Camino hacia la Eliminación del VIH como Problema de Salud Pública”, que buscaba evaluar la preparación de un país para lograrlo, sino también porque ambos, OPS y Ecuador, habían “aprobado el examen”.

Es una muy buena noticia porque hace más de 40 años que se intenta poner fin a esta esta pandemia de la que, en general, la gente no quiere saber: las infecciones de transmisión sexual, y el VIH en particular, cargan con una dimensión social de tabú y estigma que no rodea a otras infecciones: nadie tiene reparos en preguntar: “¿te vacunaste contra el sarampión?”, pero muy pocas personas preguntan con naturalidad: “¿te hiciste un test de VIH?”… Y esa es una de las varias razones no médicas por las cuales no se ha podido eliminar el VIH como problema de salud pública, el objetivo que la OPS se propone para 2030. Tenemos cuatro años para lograrlo…

Un poquito de historia

El 5 de junio de 1981 los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos publicaron, como todos los viernes, su MMWR.

Son siglas en inglés de Morbidity and Mortality Weekly Report (Informe Semanal de Morbilidad y Mortalidad), que funciona un poco como el “boletín de noticias” de salud pública más importante de ese país y del mundo.

Pero el de ese viernes no fue un MMWR cualquiera: informaba sobre “casos inusuales de neumonía en jóvenes homosexuales sanos”. Tan inusuales que no había explicación para lo que pasaba.

Un mes después ya fue la prensa la que instaló el tema, y lo hizo muy mal: el primer artículo al respecto lo publicó The New York Times y lo tituló “Un raro caso de cáncer visto en 41 homosexuales”.

Pero en un año la “inusual” enfermedad ya no era “patrimonio exclusivo” de los hombres homosexuales, y eso no impidió que entre los rumores y la prensa se alimentaran miedos y prejuicios: “cáncer rosa” o “peste gay” fueron algunos de los crueles apelativos que se usaron, lo que además instaló la falsa idea de que la población general estaba a salvo. Y eso sigue pasando en muchos ámbitos hasta hoy.

La respuesta científica, en cambio, fue bastante rápida para la época: en mayo de 1983, la viróloga francesa Françoise Barré-Sinoussi y su equipo publicaron el descubrimiento del virus que causa el sida; en 1987 estuvo disponible la primera terapia, el AZT (zidovudina), y en 1996 se presentó la terapia antirretroviral combinada, capaz de suprimir la replicación del virus y transformar una sentencia de muerte en una infección crónica y manejable.

Hoy, los antirretrovirales de última generación no sólo permiten mantener el virus indetectable, sino también prevenir la transmisión. Sin embargo, la epidemia está lejos de haber terminado: ONUSIDA estimó que en 2024 se produjeron 1,3 millones de nuevas infecciones en el mundo.

Y cuando aún persistían enormes desafíos para controlar la transmisión, a comienzos de 2025 la retirada repentina del principal contribuyente a la respuesta mundial al VIH interrumpió programas de prevención, diagnóstico y tratamiento en numerosos países.

Aunque ese impacto todavía no se refleja en un aumento global de las nuevas infecciones, ONUSIDA advirtió que el debilitamiento de estos programas amenaza con revertir décadas de avances.