El Tarjetazo

enero 23, 2026

El método más tradicional de financiamiento sigue siendo la tarjeta de crédito, a la que recurrimos unas veces por ‘pesitos’, y otras por ‘pesotes’. 

Como sea, no pasa de moda el usar, para emergencias -o como apoyo mensual seguro- el plástico bancario, ya sea para financiar la despensa, los medicamentos, la ropa, el restaurante, o el pago de servicios; quien tiene a la mano una tarjeta de crédito con línea de crédito autorizada, la va a usar, sí o sí, mínimo un par de veces al mes, pues para eso la tiene. 

Sobre el particular tema, se ha dicho mucho, y se seguirá diciendo; pero el “negocio” disfrazado de educación financiera con consejitos y recomendaciones, que interesan más a quienes reparten estos plásticos, que a los clientes que las usan, no contienen toda la verdad detrás del uso real que le damos a esos instrumentos de crédito. 

Muestra de ello es, que si pones la debida atención, los títulos y contenidos que versan sobre el uso útil de los plásticos, terminan por todos lados incriminándote a ti en caso de un sobreendeudamiento. 

Que si nada más pagaste el mínimo, que no resistes la barata de la departamental, que te la pasas de manirroto, que si la usaste para pagar otras deudas, que si ya se te hizo la bola de nieve. 

Y si se diera el caso, de que por “x o y” razones dejas de pagar, ¡ah!, entonces te dirán que eres un descarado por estar esperando los reglamentarios cuatro meses de moratoria para obtener un buen descuento y pagar con quita, aunque quedes en el Buró. 

En cambio, ¿quién habla con claridad acerca de, los aumentos de líneas de crédito, sin tu autorización, de las entregas de tarjetas aun cuando no las hayas solicitado, de que al momento de recibir la tarjeta no te dan el contrato en donde leer los términos de las obligaciones adquiridas? 

Y peor aún no te dicen tampoco del procedimiento de aclaraciones en caso de algún problema con las tarjetas, y sobre lo complejo que llega a resultar esto para ti. 

Los conceptos, términos y definiciones como CAT, tasa de interés, pago mínimo, pago para no generar intereses, y demás; los vienes a entender hasta que los vives, y hasta que cometes la falla o el error, el cual pagas completo, porque ni modo que alguien más se haga responsable. 

Derivado de todo esto, considero que, -como ya lo hemos comentado en otras ocasiones-, el crédito no es malo. nos ayuda a resolver algunos problemas y puede ser una fuente de financiamiento o de apalancamiento saludable siempre y cuando tengamos un presupuesto. 

En efecto, la recomendación más idónea para tener una tarjeta de crédito, dar “tarjetazos” y no pasarnos de la raya. Es llevar un presupuesto mensual, quincenal o una lista de gastos semanales, que dé cuenta puntual del registro de los gastos que vamos haciendo con este dinero prestado, y que hay que devolver. 

Si tenemos el hábito de tener un presupuesto, puede que aquello que necesitamos sea adquirido mediante esta forma de pago, incluso la despensa, aunque no es lo recomendable. Pero teniendo siempre presente el plazo con el que contamos para devolverlo. 

Así, mes con mes sabremos en qué gastamos, en dónde está el dinero, por qué no alcanza el dinero, y cuánto estamos tomando de la tarjeta de crédito. Solo anotando con lápiz y papel en qué gastamos, podremos tener una radiografía de nuestros hábitos, para mejorarlos en caso de ser necesario. 

Y contribuir a ser mejores consumidores, y mejores usuarios de crédito. A poco no, ¿no les ha pasado que a veces tienen la impresión de que los asaltaron, o de que se les perdió el dinero?, y todo porque apenas tenías dinero en la mano y a las pocas horas ya no tienes nada.

La razón es la falta de la elaboración de un presupuesto y de saber a dónde va tu dinero; y sobre todo de donde viene, si comienzas a notar que estás haciendo un uso inmoderado de deudas, pues será el mejor momento para comenzar una estrategia y bajarle a esa fuente de origen del dinero. 

Ello sin necesidad que nadie te lo observe o te diga, la sinceridad que pongamos en esa lista, nos va salvar de muchos malos momentos, y nos ayudará a dar tarjetazos a la segura. ¡Tome nota!, de ahora en adelante, que no haya tarjetazo, que no esté en el presupuesto.

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