Peso fuerte, renta fija atractiva y renta variable bajo presión en 2026: SURA Investments

febrero 16, 2026

El desempeño de los activos mexicanos al inicio de 2026 confirma que el mercado entra en una fase más compleja, donde la inercia positiva de 2025 comienza a perder fuerza y la dispersión entre clases de activos se vuelve más evidente.

En renta variable, si bien el avance de 5.2% en enero podría parecer una continuación natural del rally del año pasado, la lectura de fondo es algo menos constructiva. Los fundamentales de México muestran cierto rezago frente a otros mercados emergentes, particularmente en Asia, Japón y algunas economías de América Latina, donde los catalizadores de crecimiento lucen más claros. Con un menor dinamismo económico y un entorno político-comercial todavía incierto, vemos limitado el potencial de expansión adicional en múltiplos y utilidades en el corto plazo.

Donde sí identificamos oportunidades más claras es en renta fija local. El comportamiento mixto de la curva en enero responde más a ajustes técnicos que a un deterioro de fundamentales.

El escenario de política monetaria apunta a mayor acomodación hacia adelante, lo que vuelve atractivo incrementar exposición a duración, especialmente en los tramos medios y largos nominales, donde el carry sigue siendo competitivo. Asimismo, el crédito corporativo mantiene métricas sólidas y spreads que continúan ofreciendo valor relativo.

En el frente cambiario, el peso ha mostrado una fortaleza notable, acumulando una apreciación significativa desde 2025 y extendiéndola en enero. Sin embargo, consideramos que los niveles actuales del tipo de cambio ya descuentan gran parte de los factores positivos. Hacia adelante, la combinación de recortes de tasa locales y la persistente incertidumbre comercial podría generar un balance de riesgos menos favorable para la moneda.

En suma, el mercado mexicano no pierde sus fundamentales, pero sí entra en una etapa donde la beta deja de ser suficiente. La generación de valor dependerá cada vez más de la selectividad entre activos, duración y calidad crediticia, en un entorno donde los catalizadores serán más escasos y la volatilidad global seguirá marcando la pauta.